Hoy es mañana.
Mañana? No, no lo sé.
Hoy es suficiente y me basta.
Mañana veré. He decidido partir el largo futuro que he imaginado cada día. A partir de mañana corto el largo tramo y me quedo solo con el pedazo de hoy.
El largo camino del pasado, también lo corto y solo dejo el pedazo de hoy. Las carga es ligera, la gran viga que cargué por siglos atrás y la edad futura de milenios, he decidido quebrarla, no existe mas. La de ayer, no tiene caso llevarla. Esta podrida y vieja. La de mañana es demasiado acero para mi.
Hoy, la madera de hoy me bastará. Es apenas lo que quiero llevar y me cuesta tan poco.
Hoy decido que el sol brille sobre mi banco de trabajo y pulo una de las piezas mas bellas: mi día. La luz no se refleja ni molesta mi vista. La hermosa madera se ve y luce perfecta. Sentado en mi banco, fuera de la puerta de mi morada, siento la tierra bajo mis pies descalzos. Es hermoso volver a sentir lo tibio de la tierra sobre mis plantas. El sol tibio apenas si se asoma por la parte alta de mi choza. La gran franja de árboles al fondo, forma una hermosa y fresca barrera, son casi 30 metros de alto. El sol apenas pone sus delicados dedos sobres las copas y mi choza luce serena, santa.
El viento hace su aparición. A lo lejos, el banco de nubes avisa que ha exprimido su almacén de agua. Hasta hoy sigo sintiendo la brisa. No es fuerte. Suficiente para hacer cerrar mis ojos y sentir como revuelve mi pelo. Mis manos sienten lo terzo de la madera. Mis herramientas, como siempre, dispuestas y listas para trabajar, mis manos. Siento como un grupo de alumnos han aprendido el arte de tallar la madera. Fluyen ahora por mis venas, son parte de mi. Me acompañan.
La pequeña laguna a mi izquierda, florece con lotos. El agua cristalina apenas deja asomar a algunos pececillos. Estoy rodeado. Este inmenso bosque es mi refugio. El humo de la chimenea, alista a mi estómago a saborear algo.
Me apresuro, el trabajo de hoy estara listo como siempre, a tiempo. El sol que se refleja sobre un charquillo de agua frente a mi me hace ver el oro. El color de oro brilla y me parece que es una ventana al cielo. Brilla y me llama, prefiero quedarme aquí, en este pedazo de cielo que me han regalado.
Camino por la estrecha vereda llena de plantas altas, donde apenas el sol se asoma. La brisa fresca pasa por mi mente y hace que de nuevo cierre mis ojos. La belleza del estrecho camino me mantiene pleno. Los rayos de sol, cual barras de oro, entierran y clavan su filosa punta sobre las paredes de un gran árbol. Llego al plantío. Me he asegurado de que nadie lo encuentre. Plantas tiernas y jóvenes. El agua en el suelo se ha ido ya. Los zurcos se muestran con lodo apenas, despues de haber regado con el canal que fabricamos desde la laguna. Esta sitiado. Es dificil encontrarlo. Detrás de la enorme pared de madera, llena de pelo verde esta mi plantío. El sol no se ha molestado en aparecer aún sobre mi cabeza.
Es verde todo aquí. Me fundo en el verdor del piso y de las sombras. Pertenezco aquí, donde no existe el pasado y el futuro es apenas un atardecer.
Hoy es mañana.
Mañana? No, no lo sé.
Hoy es suficiente y me basta.
alejandra777

genial.......simplemente genial.....
cuantas veces nos preocupamos de un futuro que quizas nunca llegue, cierto? pero es tan importante el hoy porque mañana ya estara viejo y podrido......
lindo texto amigo, no dejes de escribir....
un besito
ale777